El Planeta está enfermo. El Perú lo está.
Nos ataca un sida que nos acaba lenta y musicalmente.
Llenamos nuestras calles de las últimas tendencias, del color de moda, de frases frivolas y anuncios
pro anorexicos. Olvidamos la tierra y nos olvidamos. Olvidamos la sangre, el terror, la hipocrecía de
pocos tan importantes. Olvidamos las mascaras de la justicia, olvidamos la justicia de los injustos y con ellos
el perdon de los inocentes.
Pintamos las calles de escarcha y escondemos las lágrimas bajo el mantel, porque "mañana viene mi tía
de europa y siempre me trae regalos rosados con lucesitas ", porque el barrio no se debe enterar que mi
papá es de Ayacucho, porque mañana soy rubia, porque aj con este país y porque yo no soy marron.
Somos productos de extraños y ya ni nos extrañamos. Comemos pavo en navidad y el 31 es Halloween porque yo
me disfraso y no me gusta la chicha que toma Eva Ayllón.
¿Donde encuentro esperanza si el cartucho se me gasta? ¿Que hago si las estrellas se caen en picada sobre mi cabeza?
¿Que pasa cuando eres capitan de un barco de ahogados? Lo frecuente se hace imposible y lo imposible sucede en tres
segundos de disparos.
Mi Perú llora, llora todito detrás del rostro de una dama inglesa. Llora escondido pero en vitrina. Dentro del noticiero
de las 8, en esa mujer con piel arena sin lágrimas que le queden. Un río seco y casi muerto. Llora todo hombre
que no tiene tumba pero si cuerpo. Lloran las llaves de estudiantes inocentes y reales que decidieron cambiar el mundo, y el mundo
los cambió a ellos por cifras más de desaparecido en el Comercio, pagina 12a.
¿Donde están lo que "pueden"? ¿Donde están los que "alumbran"? Así solo muevan un pluma, ésta volará.
Deshagan sus maletas hermanos, que aún queda mucho que hacer.